Nuestro alumno Sisay, de 2º de ESO, recibe el primer premio en categoría juvenil del Concurso de Microrrelatos Feministas

Hoy, 30 de abril, nuestro centro ha vivido una jornada muy especial con la entrega del primer premio en categoría juvenil del Concurso de Microrrelatos Feministas a nuestro alumno Sisay, de 2º de ESO.

La entrega del reconocimiento se realizó en el aula, acompañado por sus compañeros y compañeras de clase, que pudieron compartir este emotivo momento. Durante el acto, Sisay leyó su obra premiada, titulada “Las que no aparecen”, provocando emoción entre las personas asistentes.

Tal y como señalan desde la Asamblea 8M de Córdoba, escribir es también un acto político. A través de este certamen, las personas participantes han tejido feminismo, sororidad y comunidad compartiendo sus palabras e historias.

En representación de la Asamblea 8M de Córdoba asistieron Ana Belén Calzada y Azahara Rodríguez. Por parte de nuestro centro acompañaron el acto nuestro director, José Antonio Santiago, y el jefe de estudios, Rafael Carretero.

Desde toda la comunidad educativa queremos felicitar a Sisay por este merecido premio y agradecer a la Asamblea 8M de Córdoba su compromiso con la igualdad y la educación en valores.

Microrrelato ganador: Las que no aparecen

En el museo de historia todo estaba en silencio.
Reyes, generales, inventores y filósofos.
Todos tenían algo en común: sus nombres estaban grabados en placas doradas.

Clara caminaba despacio leyendo cada una. Nombres importantes, fechas lejanas, grandes hazañas. Todo parecía contar la historia del mundo.

Pero algo faltaba.

Siguió avanzando por el museo hasta que encontró una sala distinta. En la puerta había un cartel sencillo:
“Mujeres en la historia”.

Clara entró con curiosidad.

Dentro no había estatuas ni retratos ni placas.
Solo un espejo grande en el centro de la sala.

Se acercó lentamente. Al mirarse, vio su propio reflejo… pero también imaginó muchas otras vidas detrás del cristal: su madre trabajando de madrugada, su abuela aprendiendo a leer con cuarenta años, científicas ignoradas, escritoras obligadas a firmar con nombres falsos, deportistas que nunca salieron en los titulares.

Miles de historias sin estatua.

Entonces Clara lo entendió.
Las paredes estaban vacías porque esa historia aún se estaba escribiendo.

Clara tocó el espejo.
Por un instante imaginó una nueva placa en la pared.
No con el nombre de una reina ni de un general.
Con el suyo.

Y con el de todas las que vendrían después.